ads smowtion

martes, 15 de diciembre de 2009

El sorteo fatal

Un día se fugó un preso. La ley de los nazis era que por cada preso que se fugara del campo de concentración de Auschwitz, tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo 1-2-3-4-... 9-10 y al que le iba correspondiendo el número 10 era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse el 10, un hombre exclamó: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?”. En ese momento otro preso, Maximiliano Kolbe, dice al oficial: “Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre”. El oficial le responde: “¿Y por qué?” “Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio, yo soy soltero y solo, y nadie me necesita”. El oficial duda un momento y luego responde: “Aceptado.” Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final, después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941. Treinta años después, en 1971, el padre Kolbe fue beatificado por el papa Pablo VI. En esa ocasión hubo un testigo de excepción: el ex sargento Francisco Gajowniczek, por quien el nuevo beato había realizado el acto supremo de ofrecer su vida, fue a Roma y lo afirmó: él murió por mí. ¿De dónde sacó el padre Kolbe esta valentía y este amor supremo? Escuchemos lo que él mismo escribió acerca de la fuente de su heroísmo: “La vida interior es primordial. La vida activa es la consecuencia de la vida interior y no tiene valor más que si depende de ella. Quisiéramos hacerlo todo lo mejor posible, con perfección. Pero si la acción no está ligada a la vida interior, no sirve para nada. Todo el valor de nuestra vida y de nuestra actividad depende de la vida interior”. “La oración, la oración y solamente la oración es lo único necesario para mantener la vida interior y su desarrollo; es necesario el recogimiento interior. No nos inquietemos por cosas innecesarias, sino que, suavemente y en la paz, procuremos guardar el recogimiento del espíritu y estar disponibles a la gracia de Dios. Para eso nos ayuda el silencio”. San Maximiliano Kolbe. Parece estar definiendo la oración. La oración de Jesús. La oración de silencio.

No hay comentarios: